#9Songs – 1991

De 1991, recuerdo especialmente una imagen: mi hermana mayor apareciendo en casa con dos vinilos a la vez. En la portada de uno, un bebé sumergido en una piscina con un billete de dólar como cebo; en el otro, una panda de melenudos juntando sus manos sobre fondo rosa.

El impacto que aquellos discos supusieron en mis oídos, en mi generación y en el mundo entero no ha vuelto a tener igual. Con 15 años, yo acababa de descubrir a The Doors y estaba intentando asimilar a The Cure, que habían publicado Disintegration un par de años antes. Aún estaba impresionada por Smashing Pumpkins, que tenían su debut, Gish, recién sacado del horno. Pero mi oído era aún joven, inexperto y estaba acostumbrándose a nuevos sonidos. Y llegaron todos juntos, de golpe, el mismo año.

Porque Nevermind y Ten no llegaron solos. También en Seattle, Soundgarden publicaban poco después el contundente Badmotorfinger.

En California, cuatro bandas animaban la escena musical: Metallica parían su álbum negro. A falta de uno, Guns N’ Roses publicaron dos trabajos el mismo año, Use your Illusion I y II. Unos tatuadísimos chavales que no gastaban mucho en camisetas y que basaban su sonido en el potente bajo de una pulga, editaban Blood Sugar Sex Magik, una mezcla de funk, rock, punk y rap sin precedentes. Otra banda de bajo intenso, Primus, eligieron 1991 para navegar por mares de queso.

En Boston, una de las mayores influencias de Kurt Cobain publicaba su cuarto y último disco de estudio. Trompe Le Monde suponía el adiós (hasta luego, más bien, supimos unos años después) de Pixies. Dudo que el sonido de Seattle hubiera existido sin la influencia de Black Francis y los suyos.

Por si el estrépito musical que había montado en Norteamérica no fuera suficiente, al otro lado del océano, U2 lanzaban Achtung Baby!, Massive Attack, su elegante Blue Lines y Primal Scream su aclamado Screamadelica, un disco que fusionaba música negra, electrónica (y todo lo que el talento de Bobby Gillespie pillaba), de la manera más fresca y divertida.

Coronando este maravilloso estallido musical, se publicaba, casi a final de año, ese embriagador experimento llamado Loveless. 19 estudios de música distintos, infinitos ingenieros de sonido despedidos, varias crisis nerviosas y 250.000 libras después, el obsesivo Kevin Shields daba por fin el visto bueno al disco que estaba intentando grabar desde hacía dos años.

Loveless es la guinda perfecta al año musical más mágico jamás conocido. No vamos a conocer otro igual, entre otras cosas porque no volveremos a tener 15 años, ni tendremos tantas ansias por descubrir, ni podremos vivir de nuevo por primera vez todo lo que vivimos aquellos años. Pero oye, no todo el mundo puede decir que estuvo allí, sintiendo todo aquello desde la primera fila.

Charlotte Sometimes

[Just what is it that you want to do? We wanna be free. We wanna be free to do what we wanna do. And we wanna get loaded. And we wanna have a good time. Let’s go, we’re gonna have a good time. We’re gonna have a party] Primal Scream – Loaded

#9Songs [1991] en Spotify

#9Songs [1991] en Grooveshark

 

 

Comparte esta idea:
  • Print
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • email
  • LinkedIn
  • RSS
  • Twitter
Esta entrada fue publicada en Hilo Musical y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.